Empecé mi trayectoria profesional como maestra y durante muchos años acompañé de cerca a niños, niñas y a sus familias. Fue precisamente ese contacto cotidiano con sus necesidades, sus aprendizajes y sus emociones lo que me llevó a buscar nuevas herramientas para poder comprenderles y acompañarles mejor.
Con el tiempo entendí que emoción y aprendizaje no pueden separarse. Por eso, mi camino fue acercándose cada vez más a la psicología y a la atención precoz, hasta especializarme en el acompañamiento psicológico de niños, niñas, adolescentes y personas adultas.
Mi formación en Psicología General Sanitaria, atención temprana y clínica psicoanalítica infantojuvenil me permite mirar más allá de lo que aparece a primera vista. Me interesa comprender qué puede estar expresando una dificultad, cómo se relaciona con el momento evolutivo de la persona y qué papel tienen sus vínculos, su familia y su entorno.
También me he formado en evaluación e intervención en dificultades del aprendizaje y del neurodesarrollo, como la dislexia y el autismo, así como en técnicas proyectivas. Esta formación me ayuda a adaptar la mirada y las herramientas a las necesidades concretas de cada persona, sin perder de vista su singularidad.
La psicología me ha dado recursos para promover la salud mental, y el psicoanálisis me ha permitido profundizar en la complejidad del ser humano y en la importancia del cuidado y el respeto en las relaciones: con los demás, con nosotros mismos y con el entorno.
Actualmente acompaño procesos individuales y familiares en el ámbito de la infancia.
Me gusta pensar en la psicoterapia como un baile compartido. No se trata de que una persona marque todos los pasos, sino de ir encontrando juntas un ritmo posible, sin tirones ni pisotones. La terapia es un encuentro que busca generar movimiento y cambio, y mi pasión es acompañar a quienes sienten que ha llegado el momento de empezar a bailar.
