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¿Puedo confiar en los demás?

Por Marta Tarrida Tinoco

Imagen del artículo «¿Puedo confiar en los demás?»

Hay personas con las que conectar parece fácil. Te sientes cómoda, compartes cosas personales y empiezas a relajarte. Pero basta una decepción, una respuesta inesperada o un conflicto para que aparezca una duda conocida:

«¿Puedo confiar de verdad en esta persona?»

Tal vez te pasa como un péndulo: a veces confías rápido y después sientes que te has expuesto demasiado; otras, prefieres protegerte y mantener distancia.

Ninguno de los extremos resulta fácil: confiar en todo el mundo puede desprotegerte y no confiar en nadie puede acabar aislándote.

En resumen: confiar no significa pensar que todo el mundo es seguro. La confianza se construye poco a poco, observando coherencia, respeto, reciprocidad y capacidad de reparación. El objetivo es distinguir dónde necesitas protegerte y dónde puedes permitirte acercarte.

¿Por qué me cuesta confiar en los demás?

Aprendemos a relacionarnos dentro de relaciones.

Desde pequeñas y pequeños descubrimos qué ocurre cuando necesitamos ayuda, mostramos una emoción, decimos que no o dejamos que alguien vea una parte vulnerable de nosotros.

Algunas experiencias nos enseñan que podemos acercarnos y seguir sintiéndonos a salvo. Otras nos enseñan algo diferente.

Quizá alguien importante te decepcionó, te rechazó o no estuvo disponible cuando lo necesitabas. Tal vez aprendiste que mostrar vulnerabilidad podía tener un coste.

Cuando experiencias así se repiten o tienen un impacto importante, podemos construir una conclusión interna:

«Es más seguro no confiar demasiado.»

La desconfianza muchas veces ha sido una manera de protegerte de volver a vivir algo que ya dolió.

Desconfiar también puede protegerte

La dificultad para confiar puede aparecer de formas distintas:

  • observas mucho a las personas antes de abrirte;
  • te cuesta pedir ayuda;
  • prefieres resolver tus problemas sola;
  • cuentas lo que ocurre, pero no lo que te hace vulnerable;
  • esperas poco de los demás para no decepcionarte;
  • analizas mensajes, silencios o cambios de actitud;
  • cuando alguien empieza a importarte, sientes el impulso de tomar distancia.

Estas estrategias pueden reducir el riesgo de sufrir. La dificultad aparece cuando esa protección se vuelve tan rígida que también se activa en relaciones que podrían ser diferentes, impidiendo intimidad, apoyo y conexión.

Entre confiar demasiado y no confiar en nadie

En el artículo original de Calma de Ser utilizábamos la imagen de un péndulo: movernos entre «puedo confiar en todo el mundo» y «no se puede confiar en nadie».

En un extremo podemos abrirnos demasiado rápido, justificar comportamientos que nos incomodan o dar por hecho que la otra persona cuidará de nosotros porque nosotros haríamos lo mismo.

Después puede llegar una decepción y el péndulo desplazarse al otro lado:

«No vuelvo a confiar.»

Quizá la alternativa no está en ninguno de los extremos.

Puede estar en desarrollar una confianza gradual: no entregar toda nuestra intimidad, pero tampoco cerrar la puerta antes de saber quién tenemos delante.

Confiar no significa dejar de protegerte

Una relación segura no es aquella en la que sabemos que nunca sufriremos.

Confiar puede parecerse más a:

«Voy observando cómo esta persona se relaciona conmigo y dejo que la confianza crezca a medida que tengo experiencias suficientes para hacerlo.»

No todas las personas necesitan tener el mismo acceso a nuestra intimidad. Podemos compartir algo pequeño, poner un límite o expresar una diferencia y observar qué sucede.

La confianza se construye con experiencias repetidas.

¿Cómo saber si puedes confiar en alguien?

No existe un test infalible, pero sí algunos filtros de seguridad.

Puedes ser tú

En una relación suficientemente segura no tienes que medir cada palabra para evitar rechazo.

Puedes pensar diferente, equivocarte, tener necesidades o mostrar vulnerabilidad sin sentir que esas partes serán utilizadas para hacerte sentir menos.

Tus límites tienen espacio

Una persona no tiene que estar de acuerdo con todos tus límites para respetarlos.

Puede sentirse decepcionada porque digas que no y, aun así, aceptar tu decisión.

Hay coherencia

La confianza necesita correspondencia entre lo que alguien dice y lo que hace.

No buscamos perfección, pero sí suficiente estabilidad para no vivir preguntándonos dónde estamos con esa persona.

Existe reciprocidad

No se trata de llevar una contabilidad de quién da más.

Se trata de sentir que hay sitio para ambas personas: puedes escuchar y también ser escuchada, cuidar y dejarte cuidar.

La confianza también se construye en los conflictos

Una forma importante de valorar la seguridad de una relación es observar qué ocurre cuando algo sale mal.

¿Podéis hablar de lo ocurrido?

¿Existe curiosidad por entender a la otra persona?

¿Cada una puede reconocer su parte?

¿Hay posibilidad de pedir disculpas y reparar?

¿O cada conflicto termina en ataque, silencio, retirada o con toda la responsabilidad colocada sobre una sola persona?

Una relación no tiene que ser perfecta para ser segura.

A veces la confianza crece precisamente cuando descubrimos:

«Podemos tener un conflicto y el vínculo no desaparece.»

¿Por qué desconfío aunque la otra persona no me haya hecho nada?

Porque no llegamos a cada relación desde cero.

Nuestro cuerpo y nuestra mente también utilizan lo que hemos aprendido antes para interpretar lo que ocurre ahora.

Alguien tarda en responder y una parte de ti siente que está perdiendo interés. Tu pareja necesita espacio y aparece el miedo a que se esté alejando. Una amiga hace una crítica y lo vives como un rechazo mayor de lo que aparentemente ha ocurrido.

Esto no significa que debamos ignorar nuestras sensaciones.

Pero puede ser útil añadir una pregunta:

«¿Todo lo que estoy sintiendo pertenece a esta relación o algo de lo que ocurre ahora conecta también con algo que ya conozco?»

Poder diferenciarlo ayuda a no ignorar señales reales de peligro, pero tampoco a dar por hecho que toda relación terminará igual que las anteriores.

Cuando «yo puedo sola» también protege

La falta de confianza también puede aparecer como autosuficiencia:

«No necesito a nadie.»

Te cuesta pedir ayuda, prefieres resolver sola y te resulta fácil cuidar, pero incómodo dejarte cuidar.

La autonomía es saludable. El problema aparece cuando deja de ser una elección y se convierte en la única forma que sentimos segura.

Detrás puede haber una conclusión comprensible:

«Es más seguro no necesitar a nadie que necesitar y descubrir que no está.»

Aprender a confiar no significa perder autonomía, sino poder elegir cuándo sostenerte sola y cuándo permitir que otra persona también esté contigo.

¿Cómo empezar a confiar sin desprotegerte?

No tienes que obligarte a confiar. La confianza puede construirse gradualmente.

Observa antes de abrirte completamente. Fíjate en cómo esa persona actúa a lo largo del tiempo, no solo en cómo te hace sentir al principio.

Comparte vulnerabilidad poco a poco. Puedes contar algo pequeño y observar cómo es recibido antes de compartir algo más íntimo.

Escucha tus límites. Si algo te incomoda, no necesitas ignorarlo para demostrar que confías.

Observa cómo estás en la relación. ¿Puedes ir relajándote o permaneces alerta, justificándote o anticipando la reacción de la otra persona?

Mira qué ocurre en los conflictos. Un desacuerdo puede darte mucha información sobre la seguridad de un vínculo.

¿Cuándo puede ser recomendable pedir ayuda?

Puede ser útil consultar con una psicóloga cuando la desconfianza empieza a limitar los vínculos que deseas: si te cuesta mostrar vulnerabilidad, esperas que las personas te decepcionen, te alejas cuando alguien empieza a importarte, eliges relaciones en las que acabas herida o sientes que siempre tienes que poder sola.

También cuando sabes que la persona que tienes delante es diferente, pero sigues esperando que ocurra lo mismo que ocurrió antes.

Trabajarlo no significa aprender a confiar indiscriminadamente. Significa reconocer mejor cuándo necesitas protegerte y cuándo puedes permitirte acercarte.

¿Cómo podemos acompañarte desde Calma de Ser?

En Calma de Ser podemos acompañarte a comprender qué hay detrás de tu manera de relacionarte con la confianza.

Podemos explorar qué experiencias han influido en tu forma de vincularte, qué ocurre cuando alguien empieza a importarte, cómo reconoces la seguridad, qué papel tienen tus límites y qué necesitas para poder acercarte sin dejarte a ti fuera.

La confianza no consiste en dejar de protegerte.

Consiste en que protegerte y vincularte puedan dejar de ser dos opciones incompatibles.

Preguntas frecuentes

¿Es malo desconfiar de los demás?

No necesariamente. Cierta prudencia nos ayuda a decidir con quién queremos compartir nuestra intimidad. La dificultad aparece cuando la desconfianza es tan generalizada que impide construir los vínculos que deseamos.

¿Por qué me cuesta confiar aunque mi pareja no me haya hecho nada?

Algunas situaciones actuales pueden conectar con experiencias anteriores de rechazo, abandono o decepción. Explorar qué pertenece al presente y qué puede estar activándose desde nuestra historia ayuda a comprender mejor la reacción.

¿Cómo saber si puedo confiar en alguien?

No existe una garantía absoluta. La confianza suele crecer con experiencias repetidas de respeto, coherencia, reciprocidad y reparación.

¿Se puede volver a confiar después de que te hayan hecho daño?

Sí, aunque no implica hacerlo rápidamente. Muchas veces supone reconocer mejor la seguridad, respetar nuestros límites y dejar que la confianza se construya con experiencias reales.

Confiar no es cerrar los ojos

Quizá durante mucho tiempo hayas pensado que solo existen dos opciones: confiar y arriesgarte a que te hagan daño, o desconfiar para protegerte.

Pero existe un punto intermedio.

Observar. Dar tiempo. Escucharte. Poner límites. Comprobar cómo responde la otra persona.

Y permitir que la confianza crezca a partir de experiencias reales.

Porque confiar no consiste en dejar de protegerte.

Consiste en poder distinguir cada vez mejor dónde necesitas hacerlo y dónde puedes permitirte acercarte.

Si quieres seguir profundizando en cómo construimos nuestros vínculos, puedes continuar con nuestros contenidos sobre límites, relaciones y patrones emocionales.

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