Hay proyectos que llegan a tu vida como una oportunidad, pero que acaban convirtiéndose en mucho más que eso. Así fue para mí Calma Kids.
Cuando mis compañeras me propusieron acompañar este grupo, algo se movió con fuerza dentro de mí. Sabía que podía convertirse en un espacio especial: un lugar donde niños y niñas pudieran encontrarse con otros, jugar, expresarse y conocerse sin sentir que tienen que hacerlo todo bien.
Porque crecer también necesita espacios en los que no haya que rendir. Espacios en los que poder probar, equivocarse, enfadarse, reír, quedarse en silencio, compartir y descubrir poco a poco quiénes somos.
Y esa es, para mí, una de las esencias del desarrollo emocional infantil.
En resumen: los niños y niñas no desarrollan sus recursos emocionales únicamente cuando les explicamos qué son las emociones. También lo hacen jugando, relacionándose, poniendo límites, experimentando y sintiéndose suficientemente seguros para mostrarse como son. Calma Kids nace con la intención de ofrecer un espacio de acompañamiento donde todo eso pueda suceder respetando el ritmo de cada niño y niña.
Quién soy y cómo nace esta vocación
Me llamo Berta, soy psicóloga infantil y juvenil y formo parte del equipo de Calma de Ser.
Creo que mi vocación por acompañar a niños y niñas viene de lejos, aunque ha ido tomando forma con los años. Soy la mayor de siete primos y, desde pequeña, he vivido rodeada de juegos, preguntas, enfados, descubrimientos y mundos imaginarios junto a ellos.
Más adelante empecé a trabajar como canguro con distintos niños y niñas y, con el tiempo, la psicología infantil y juvenil pasó a formar parte de mi vida profesional.
Todo ese recorrido me ha permitido observar algo que sigue fascinándome: cuando un niño encuentra un espacio en el que se siente seguro y no excesivamente dirigido, aparecen muchas cosas.
Aparece su manera particular de mirar el mundo.
Sus recursos.
Sus miedos.
Su imaginación.
Sus necesidades.
Y también su forma de entrar en relación con los demás.
El juego y el desarrollo emocional infantil
Para un adulto, jugar puede parecer simplemente una actividad agradable o una manera de entretenerse. Para un niño o una niña, sin embargo, el juego es también una de las formas naturales de explorar el mundo y relacionarse con él.
A través del juego ensayan papeles, prueban soluciones, negocian, se frustran, imaginan, cooperan, compiten, ponen límites y descubren qué ocurre cuando otra persona quiere algo diferente.
Por eso, en un espacio como Calma Kids, no entendemos el juego como un premio después de “trabajar las emociones”.
El juego es parte del propio proceso de conocerse y relacionarse.
Puede permitir ser sin tantos filtros ni exigencias, expresarse de una manera distinta a la palabra y experimentar nuevas formas de resolver pequeñas dificultades.
Y ahí el acompañamiento adulto es importante: no para dirigir constantemente lo que ocurre, sino para poder observar, sostener, poner límites cuando hacen falta y ayudar a traducir determinadas experiencias.
Un espacio seguro no significa que todo sea fácil
Cuando hablamos de ofrecer un espacio seguro a la infancia, no hablamos de evitar cualquier conflicto, frustración o malestar.
Los niños necesitan poder encontrarse también con el “no”, con la espera, con la diferencia, con alguien que no quiere jugar a lo mismo o con una actividad que no sale como esperaban.
La seguridad tiene más que ver con poder atravesar esas experiencias sabiendo que hay adultos disponibles que acompañan sin ridiculizar, asustar o exigir una respuesta perfecta.
En esos pequeños momentos se aprenden cosas muy importantes:
“Puedo enfadarme y seguir perteneciendo al grupo.”
“Puedo decir que algo no me gusta.”
“Puedo equivocarme.”
“Los demás también tienen límites.”
“Puedo pedir ayuda.”
“Lo que siento tiene un lugar, pero no todo lo que siento tengo que convertirlo en una acción.”
Para mí, ahí hay una parte preciosa del acompañamiento emocional.
Aprender a reconocer emociones, necesidades y límites
Una de las cosas que buscamos favorecer en Calma Kids es que los niños y niñas puedan ir construyendo un lenguaje propio para entenderse.
A veces podrán decir directamente:
“Estoy enfadada.”
“No quiero.”
“Me ha dado vergüenza.”
“Ojalá me hubieran elegido a mí.”
Y otras veces todavía no tendrán palabras.
Quizá lo veremos en el juego, en una retirada, en una discusión o en unas ganas enormes de controlar cómo se hace una actividad.
Nuestro trabajo no consiste en ponerles rápidamente una etiqueta emocional, sino en acompañarlos a preguntarse qué está pasando y darles recursos para ir reconociéndolo.
Porque desarrollar conciencia emocional no es aprender una lista de emociones de memoria. Es poder ir relacionando poco a poco lo que siento, lo que necesito, lo que hago y lo que ocurre en mis relaciones.
La importancia de poder ser sin hacerlo todo bien
La infancia tampoco queda fuera de la cultura de la exigencia.
Colegio, extraescolares, rendimiento, comportamiento, comparación, horarios. A veces los días de los niños están tan estructurados como los de los adultos.
Y, por supuesto, aprender, adquirir responsabilidades y convivir con normas forma parte de crecer.
Pero también necesitamos preguntarnos dónde quedan los espacios en los que no hay nada que demostrar.
En Calma Kids nos interesa especialmente cuidar esto.
No buscamos al niño o la niña que mejor identifica las emociones, que participa más o que hace “correctamente” las actividades.
Queremos poder acompañar también a quien necesita mirar antes de entrar.
A quien habla muchísimo.
A quien se enfada si pierde.
A quien necesita un poco más de tiempo.
A quien un día no tiene ganas de explicar qué le ocurre.
Ser y dejar ser no significa dejar de acompañar. Significa acompañar sin querer convertir a todos los niños en el mismo niño.
Crecer también ocurre en relación con otros
Uno de los valores del grupo es precisamente que muchas experiencias no pueden ensayarse en solitario.
Pedir entrar en un juego.
Aceptar que otro tiene una idea distinta.
Sentir que no me han elegido.
Decir que algo me molesta.
Esperar.
Compartir.
Reparar después de una discusión.
Descubrir que puedo gustarle a alguien siendo yo.
El grupo ofrece un pequeño laboratorio de relaciones reales.
Y eso permite acompañar habilidades que tienen que ver con la autoestima, la confianza, la empatía, la comunicación y los límites sin convertirlas en una clase teórica.
No se trata de preparar a los niños para que nunca tengan conflictos.
Se trata de que vayan disponiendo de más recursos para estar en ellos.
Qué puede aportar un espacio como Calma Kids
Cada niño o niña llega con su propia historia, temperamento y momento evolutivo. Por eso no esperamos el mismo proceso ni el mismo resultado para todos.
Calma Kids puede ser una oportunidad para:
- ampliar el vocabulario emocional y reconocer mejor lo que les ocurre;
- descubrir y expresar necesidades y límites;
- practicar habilidades sociales dentro de un grupo acompañado;
- reforzar recursos personales y una mirada más amable hacia sí mismos;
- experimentar el juego, el movimiento y la creatividad como formas de expresión;
- aprender a convivir con pequeñas frustraciones y diferencias;
- encontrar un espacio en el que sentirse vistos sin tener que destacar.
No buscamos prometer cambios concretos ni convertir cada conducta en un problema psicológico. Nos interesa generar condiciones para que cada niño y niña pueda explorar, relacionarse y crecer desde un lugar de mayor confianza.
Calma Kids no sustituye una terapia individual cuando se necesita
También es importante diferenciar un espacio grupal de acompañamiento emocional de un proceso de psicoterapia individual.
Hay momentos en los que un niño puede beneficiarse mucho de compartir y crecer dentro de un grupo. Y hay otros en los que determinada dificultad necesita una valoración más específica o un acompañamiento individual y familiar.
Por eso, cuando existen cambios intensos o persistentes en el estado de ánimo, ansiedad que interfiere mucho en el día a día, dificultades importantes de conducta, problemas escolares significativos o un sufrimiento que preocupa a la familia, es recomendable poder valorarlo de manera individual.
No se trata de patologizar lo que forma parte del crecimiento, sino de poder ofrecer el tipo de ayuda más adecuado en cada momento.
La esencia de Calma Kids
Cada sesión me confirma algo que ya intuía cuando empezó este proyecto: Calma Kids tiene un alma propia.
Un espacio para compartir, explorar y crecer desde el vínculo y la confianza.
Un lugar en el que sembrar pequeñas semillas relacionadas con la autoestima, el cuidado propio y la relación con los demás.
Un espacio en el que empezar a descubrir que tengo voz, límites, necesidades y recursos.
Y, sobre todo, un lugar en el que no necesitamos correr para llegar a una determinada versión de nosotros mismos.
Podemos acompañar el proceso.
Podemos observar.
Podemos jugar.
Podemos estar.
Podemos ser y dejar ser.





