Cita presencialCita online

Cómo superar la inseguridad estética y aceptar tu cuerpo

Por Mireia Dote Vaca

Imagen del artículo «Cómo superar la inseguridad estética y aceptar tu cuerpo.»

Rompe con la presión del «Cuerpo Perfecto»

¿Cuántas experiencias me he perdido por no sentir que tengo el cuerpo perfecto?¿Cuántas veces he puesto mi bienestar en segundo plano para intentar cumplir con un ideal estético?¿Cuántas veces he dicho que no me apetecía, cuando en realidad sí quería ir, solo por no mostrar mi cuerpo?

Amarte no significa esclavizarte.

Si estas preguntas resuenan en ti, quédate un momento conmigo.

Vivimos en una sociedad exigente con los cuerpos. La presión estética afecta a muchas personas, pero hoy quiero dirigirme especialmente a nosotras, las mujeres: a quienes alguna vez hemos sentido que nuestro cuerpo estaba siendo observado, evaluado o comparado con una medida invisible de lo que supuestamente debería ser.

Nos dicen que debemos cuidarnos y que la salud es lo primero, pero, al mismo tiempo, recibimos otro mensaje mucho más silencioso: no te olvides de tus formas.

Y cuando hablamos de formas, no hablamos de modales o educación. Ese mandato también acompañó a muchas de nuestras ancestras. Hoy, además, la exigencia se posa sobre el cuerpo: cómo debería verse, cuánto debería pesar y qué partes tendríamos que esconder o transformar.

En resumen: aceptar tu cuerpo no significa que tenga que gustarte cada centímetro de él todos los días. Significa que tu apariencia deje de decidir cuánto vales, qué puedes hacer, qué te permites disfrutar o cuánto derecho tienes a ocupar espacio. El objetivo no es pasar de odiar tu cuerpo a adorarlo de la noche a la mañana, sino construir una relación menos castigadora y más respetuosa con él.

¿Qué significa tener un “cuerpo válido”?

Quizá una de las primeras preguntas sea precisamente esa: ¿quién decidió qué cuerpos son válidos?

A menudo hablamos del “cuerpo perfecto” como si existiera una referencia objetiva. Pero los ideales estéticos cambian con las épocas y las culturas.

Tener un cuerpo válido no significa someterse constantemente a restricciones para intentar modificarlo.

No significa pasar el día negociando con la comida.

No significa vivir pendiente de la báscula, del espejo o de si una fotografía muestra el ángulo que consideramos adecuado.

Y tampoco significa tener que sentirnos siempre seguras con nuestra apariencia.

Tu cuerpo ya es un cuerpo válido porque es el cuerpo desde el que estás viviendo tu vida.

La dificultad aparece cuando nuestro valor queda demasiado ligado a cómo creemos que nos ven.

Cuando la inseguridad estética empieza a reducir tu vida

La inseguridad corporal no siempre aparece como un pensamiento explícito de “no me gusta mi cuerpo”.

A veces se cuela en las decisiones cotidianas.

No ir a la playa.

Evitar una piscina.

No comprar una prenda que nos gusta porque pensamos que “no tenemos cuerpo para ella”.

Buscar siempre colocarnos detrás en las fotografías.

Cancelar un plan porque sentimos que nada nos queda bien.

Evitar la intimidad porque nos preocupa más cómo se verá nuestro cuerpo que lo que estamos sintiendo.

Podemos intentar cambiar nuestro cuerpo para sentirnos más libres y terminar haciendo nuestra vida cada vez más pequeña.

Por eso una pregunta importante no es únicamente “¿me gusta mi cuerpo?”, sino:

“¿Cuánto espacio está ocupando la preocupación por mi cuerpo en mi vida?”

La presión estética no nace solo dentro de ti

Cuando una mujer siente inseguridad corporal es fácil convertirla en un problema exclusivamente individual: “tengo baja autoestima”, “soy demasiado insegura”, “debería quererme más”.

Pero nuestra mirada hacia el cuerpo también se construye socialmente.

Crecemos viendo qué cuerpos reciben aprobación y cuáles son criticados. Escuchamos comentarios sobre el peso desde pequeñas y aprendemos qué partes del cuerpo supuestamente hay que esconder. También vemos mensajes que relacionan delgadez, belleza, disciplina, salud y éxito como si fueran lo mismo.

Por eso, trabajar la imagen corporal no consiste únicamente en repetir frases positivas delante del espejo.

También implica empezar a reconocer qué mensajes hemos interiorizado y decidir cuáles queremos seguir sosteniendo.

¿Cuidarte o intentar corregirte constantemente?

Hay una diferencia importante entre cuidar el cuerpo y vivir intentando corregirlo.

El cuidado puede incluir alimentación, descanso, movimiento, revisiones médicas, placer, límites y atención a nuestras necesidades.

La corrección constante parte de otro lugar:

“Cuando adelgace estaré bien.”

“Cuando elimine esta parte de mi cuerpo podré ponerme eso.”

“Cuando consiga controlarme, entonces podré sentirme orgullosa.”

El problema es que el punto de llegada puede moverse una y otra vez.

Por eso conviene preguntarnos:

“¿Estoy haciendo esto porque me cuida o porque necesito sentir que mi cuerpo merece ser aceptado?”

La misma conducta puede tener significados muy distintos.

Dietas, prohibiciones y culpa

Cuando la relación con la comida se organiza desde reglas rígidas, es fácil empezar a dividir los alimentos en categorías morales: buenos y malos, permitidos y prohibidos, limpios y “pecaminosos”.

Y entonces comer deja de ser solamente comer: puede convertirse en una prueba sobre quiénes somos.

“He sido buena.”

“Hoy me he portado fatal.”

“Mañana compenso.”

Esta lógica puede favorecer ciclos de restricción, pérdida de control, culpa y nuevos intentos de control. Cuanto más rígida se vuelve la relación con la comida, más espacio mental puede llegar a ocupar.

Por eso resulta importante revisar no solo qué comemos, sino también desde dónde estamos tomando esas decisiones.

La alimentación no debería convertirse en un examen diario sobre nuestro valor personal.

Porque cuidarte no es sinónimo de castigarte.

¿Y si no consigo amar mi cuerpo?

Aquí quiero detenerme en algo importante.

A veces el mensaje de “ama tu cuerpo” se convierte en otra exigencia. Quizá llevas años criticándolo y ahora parece que también tienes que mirarte al espejo y sentirte maravillosa. No funciona así.

Puede haber días en los que no te guste lo que ves.

Puede haber partes de tu cuerpo que te cueste aceptar.

Y eso no significa que estés haciendo mal el proceso.

Entre odiar el cuerpo y amarlo existe un territorio enorme.

Podemos empezar por dejar de atacarlo.

Por hablar de él con menos desprecio.

Por vestirlo sin esperar a que cambie.

Por permitirle participar en planes que antes evitábamos.

Por preguntarnos qué necesita, además de cómo se ve.

A veces el objetivo más realista no es amar cada parte de nuestro cuerpo, sino conseguir que nuestra vida deje de girar alrededor de cambiarlo.

Tu cuerpo no es solamente una imagen

Cuando la inseguridad estética ocupa mucho espacio, podemos terminar observando el cuerpo casi exclusivamente desde fuera.

¿Cómo se ve?

¿Cómo me queda?

¿Qué pensará alguien que me mire?

Pero el cuerpo es mucho más que una imagen.

Es también sensación, movimiento, descanso, deseo, cansancio, fuerza, hambre, placer, dolor, contacto y presencia.

Recuperar una relación más amable con él puede implicar pasar de “¿cómo se ve mi cuerpo?” a preguntarnos:

“¿Cómo estoy en mi cuerpo?”

“¿Qué necesito?”

“¿Qué me hace sentir bien?”

“¿Qué estoy dejando de hacer por miedo a ser vista?”

Más allá de la báscula: revisar lo que hemos aprendido

Podemos preguntarnos qué significa para nosotras la delgadez.

¿Qué asociamos a ella?

¿Control? ¿Éxito? ¿Deseabilidad? ¿Disciplina? ¿Salud?

Y también qué hemos aprendido a asociar a la gordura.

Muchas de esas ideas las hemos escuchado y repetido durante años. Revisarlas no significa que desaparezcan inmediatamente, sino empezar a crear espacio entre el mensaje aprendido y nuestra propia mirada.

Tal vez ahí podamos preguntarnos:

“¿Quiero seguir midiendo mi valor con este criterio?”

¿Cuándo puede ser importante pedir ayuda?

La preocupación por el cuerpo merece especial atención cuando empieza a condicionar de forma importante nuestra alimentación, vida social, intimidad, ejercicio, estado de ánimo o la manera en que nos relacionamos con nosotras mismas.

También cuando aparecen restricciones muy rígidas, episodios de pérdida de control con la comida, conductas compensatorias, miedo intenso a aumentar de peso o una preocupación corporal que ocupa gran parte del día.

En esos casos, no se trata simplemente de “tener más fuerza de voluntad” o aprender a quererse.

Puede ser necesario un acompañamiento profesional especializado que tenga en cuenta tanto la relación con el cuerpo y la comida como el bienestar psicológico y físico.

¿Cómo podemos acompañarte desde Calma de Ser?

Trabajar la relación con el cuerpo no consiste en decirte cómo deberías verte ni en imponerte una nueva lista de reglas.

Puede implicar comprender de dónde viene esa mirada tan exigente, qué mensajes has interiorizado, qué papel tiene el control, cómo te relacionas con la comida y cuánto de tu vida estás dejando en pausa hasta tener el cuerpo que crees que deberías tener.

También puede significar recuperar señales propias: hambre, saciedad, placer, cansancio, límites y necesidades, siempre teniendo en cuenta que cuando existe un trastorno de la conducta alimentaria o una alteración importante de la alimentación, el abordaje debe adaptarse a cada caso y puede requerir coordinación con otros profesionales sanitarios.

No queremos proponerte otro ideal al que llegar.

Queremos ayudarte a construir una relación contigo misma en la que el cuidado no nazca del castigo.

Tu vida no debería esperar a que tu cuerpo cambie

Quizá no podamos borrar de un día para otro años de presión estética.

Pero sí podemos empezar a preguntarnos cuánto queremos seguir entregándole.

¿Cuántos baños en el mar?

¿Cuántas fotografías?

¿Cuántos encuentros?

¿Cuánta intimidad?

¿Cuánto disfrute?

Tu cuerpo no debería tener que aprobar ningún examen para permitirte vivir.

Para. Escúchate. Y pregúntate qué harías hoy si durante un momento dejaras de pensar en cómo se ve tu cuerpo y pudieras atender a cómo quieres vivir dentro de él.

para seguir leyendo

Leer ayuda. Hablarlo, más.

Si algo de lo que has leído te ha resonado, podemos verlo juntas en una primera cita de valoración.

Podcast

escucha Voy a la Psico

El podcast de Laura del Mar y Marta Tarrida para entender lo que sientes.

Todos los capítulos →

Newsletter: La isla

Un mensaje inspirador para acompañarte con calma.

Una vez al mes compartimos reflexiones, recursos de bienestar y novedades del podcast y del blog, pensados para ayudarte a reconectar contigo.

Revisa el correo: parece que falta algo.