Estudié Psicología y, desde que empecé, tuve claro que quería dedicarme al ámbito clínico. Al terminar la carrera viví durante seis meses en Argentina, donde pude acercarme a otras corrientes de la psicología y ampliar mi manera de comprender a las personas.
A mi regreso cursé el Máster en Psicología Clínica y de la Salud mientras trabajaba en una clínica especializada en el tratamiento de adicciones. Durante varios años acompañé procesos individuales y familiares, trabajé con situaciones de crisis y aprendí la importancia del equipo, la constancia y la confianza en la capacidad de cambio de las personas. Con el tiempo asumí también funciones de coordinación terapéutica.
Mi formación en Psicoterapia Integradora me acercó a una mirada humanista y holística. Desde este enfoque, no trabajo únicamente con el síntoma, sino con la persona en su conjunto: su historia, sus vínculos, sus recursos y el momento vital que está atravesando.
También me he formado en apego adulto, mediación familiar, prevención y manejo de la conducta suicida, técnicas de estimulación bilateral, terapia centrada en soluciones, coaching y Programación Neurolingüística. Esta diversidad me permite adaptar el acompañamiento a las necesidades y objetivos de cada proceso.
A lo largo de mi trayectoria también he trabajado en un servicio público atendiendo a familias en situaciones de conflicto, una experiencia que reforzó mi capacidad para sostener realidades complejas y comprender el malestar dentro de su contexto.
Actualmente acompaño a personas adultas desde la práctica privada. Siento un profundo respeto por esta profesión, que me lleva a seguir formándome y revisando mi manera de trabajar.
Uno de los aprendizajes que más me ha acompañado es que no hay que tirar la toalla: nunca sabemos en qué momento puede producirse ese clic que abre una nueva posibilidad.
