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¿Cómo explicar la muerte de un ser querido a un niño?

Por Laura del Mar Jiménez Pereta

Imagen del artículo «¿Cómo explicar la muerte de un ser querido a un niño?»

«Tengo miedo de explicarle a mi hijo la muerte de su abuela.»

Es una frase que escuchamos muchas veces.

Hablar de la muerte con un niño puede ser una de las experiencias más delicadas de la crianza. A los adultos también nos confronta con el dolor, el miedo y la incertidumbre, y a menudo tenemos que encontrar palabras para ellos mientras nosotros mismos estamos atravesando una pérdida.

Es comprensible que aparezcan dudas:

¿Se lo digo directamente?

¿Puede entenderlo?

¿Y si le hago más daño?

¿Qué respondo si me pregunta dónde está ahora?

Muchas veces, con la intención de proteger, evitamos la conversación o buscamos expresiones más suaves. Sin embargo, los niños necesitan información que puedan comprender y adultos disponibles para acompañar lo que esa información despierta.

En resumen: para explicar una muerte a un niño suele ser más útil utilizar palabras sencillas, concretas y verdaderas que recurrir a eufemismos. No necesitamos darle toda la información de golpe ni tener respuesta para todo. Podemos explicarle lo que sabemos, adaptarlo a su edad y dejar espacio para que pregunte, sienta y vuelva sobre el tema cuando lo necesite.

¿Por qué es importante hablar de la muerte con los niños?

Vivimos en una sociedad en la que la muerte a menudo se silencia.

No sabemos qué decir.

Intentamos que los niños no nos vean llorar.

Evitamos que escuchen conversaciones difíciles.

A veces los apartamos de rituales de despedida pensando que así sufrirán menos.

Pero los niños suelen percibir que algo importante está ocurriendo.

Notan que mamá está triste.

Que hay personas entrando y saliendo de casa.

Que alguien que estaba antes ya no aparece.

Que se habla en voz baja.

Si nadie les explica lo que pasa, pueden intentar completar los huecos con sus propias ideas.

Y esas explicaciones pueden ser más confusas o angustiosas que una realidad explicada con cuidado.

Cómo explicar a un niño que alguien ha muerto

Utiliza las palabras «muerte» y «morir»

Puede resultar duro pronunciarlas, especialmente cuando estamos afectados emocionalmente.

Pero expresiones como:

«Se ha ido.»

«Nos ha dejado.»

«Está dormido.»

«Lo hemos perdido.»

pueden resultar confusas para un niño pequeño.

Si alguien «se ha ido», quizá pueda volver.

Si alguien «se ha dormido», dormir puede empezar a dar miedo.

Si lo hemos «perdido», quizá podamos encontrarlo.

Es preferible utilizar frases concretas:

«La abuela ha muerto.»

Y después explicar qué significa:

«Su cuerpo ha dejado de funcionar. Ya no respira, no come ni siente dolor, y no va a volver.»

No necesitamos decir mucho más de entrada.

Podemos esperar.

Observar qué pregunta.

Y continuar desde ahí.

Da la información poco a poco

Una conversación sobre la muerte no suele ocurrir una sola vez.

Los niños pueden volver a preguntar lo mismo horas, días o incluso meses después.

No necesariamente porque no hayan escuchado la respuesta.

Van comprendiendo la muerte progresivamente y pueden necesitar revisitar la información desde un nuevo momento emocional o evolutivo.

Podemos responder de manera breve y esperar a que sea el propio niño quien marque cuánto necesita saber.

No pasa nada si no sabes responder

Los adultos podemos sentir que tenemos que tener una explicación para todo.

Pero algunas preguntas no tienen una respuesta sencilla:

«¿Por qué tenía que morir?»

«¿Qué pasa después de morir?»

«¿Por qué le pasó a ella?»

Podemos decir:

«No lo sé.»

Y añadir:

«Pero podemos hablar de ello.»

Acompañar no significa tener todas las respuestas.

Significa poder permanecer cerca cuando aparece la pregunta.

¿Qué decir cuando pregunta dónde está la persona que ha muerto?

Aquí es importante diferenciar lo que sabemos de lo que creemos.

Podemos explicar como un hecho:

«Su cuerpo ha dejado de funcionar y no va a volver a vivir.»

Después, si la familia tiene creencias religiosas o espirituales, podemos incorporarlas como tales:

«En nuestra familia creemos que…»

«Hay personas que creen que…»

«Otras personas piensan de otra manera.»

Así evitamos presentar una creencia como una certeza y, al mismo tiempo, damos espacio a los valores familiares.

También podemos permitir que el propio niño vaya construyendo sus preguntas y su manera de entender lo que ocurre.

Acompañar sus emociones sin decirle cómo debería sentirse

Después de recibir la noticia, un niño puede llorar.

O puede no hacerlo.

Puede quedarse en silencio.

Preguntar algo aparentemente práctico.

Querer irse a jugar.

Enfadarse.

O cambiar inmediatamente de tema.

Todas estas respuestas pueden aparecer.

No necesitamos conseguir una determinada reacción para saber que ha comprendido.

Podemos decir:

«Puedes sentirte triste, enfadado, confundido o no saber qué sientes todavía.»

Y también:

«Si quieres preguntarme algo ahora o más adelante, puedes hacerlo.»

Una de las cosas más importantes es que sepa que el tema no está prohibido.

Un caso real: cómo acompañé a Carlos

Hace unos años acompañé a un niño de ocho años —lo llamaremos Carlos— después de la muerte de su tío.

Este fragmento puede ayudarnos a ver cómo puede desarrollarse una conversación de este tipo:

—Laura, ¿qué le ha pasado a mi tío Juan?

—Carlos, tu tío Juan estaba muy enfermo. Ayer murió.

—¿Qué quiere decir que murió?

—Que su cuerpo dejó de funcionar. Ya no respira, no siente dolor y no va a volver a vivir. Pero tú puedes seguir queriéndolo y recordándolo porque ha sido muy importante para ti.

—¿Dónde está ahora?

—Su cuerpo está en el tanatorio. Es un lugar donde la familia y las personas que lo querían pueden ir a despedirse.

—¿Y después qué pasa?

—Habrá una ceremonia y después su cuerpo será enterrado. Si quieres ir, antes podemos explicarte exactamente qué vas a ver y estar contigo todo el tiempo.

—¿Y dónde está él?

—Eso es una pregunta muy importante. Sabemos qué ocurre con su cuerpo. Sobre qué pasa después de morir hay distintas creencias. Hay personas que creen en el cielo, otras creen cosas diferentes. Podemos hablar de lo que nosotros creemos y tú también puedes ir haciéndote tus propias preguntas.

—¿Y volverá?

—No. Cuando una persona muere no vuelve. Sé que es muy triste. Y aunque no vuelva, podemos hablar de él, recordar cosas que hicisteis juntos y seguir queriéndolo.

No existe un guion perfecto.

Lo importante es que la conversación pueda combinar verdad, claridad y acompañamiento emocional.

¿Debe ir un niño al tanatorio o al entierro?

Con la intención de protegerlos, a veces excluimos automáticamente a los niños de los rituales de despedida.

Pero no hay una norma que diga que un niño no pueda asistir.

Lo importante es que sepa previamente qué va a ocurrir y pueda participar de una manera acompañada.

Podemos explicarle:

  • quién estará allí;
  • que habrá personas llorando;
  • si habrá un ataúd;
  • si verá o no el cuerpo;
  • qué ocurrirá durante la ceremonia;
  • cuánto tiempo aproximadamente estarán;
  • y que podrá salir con un adulto si necesita descansar.

También podemos preguntarle si quiere asistir.

Pero para que esa elección sea realmente suya, necesita entender previamente qué significa ir.

Si decide no participar, podemos ofrecerle otras formas de despedirse: hacer un dibujo, escribir una carta, escoger una fotografía, llevar una flor o crear un pequeño ritual familiar.

Mostrar nuestras emociones también forma parte de la explicación

No necesitamos fingir que estamos bien para que nuestros hijos estén bien.

Pueden vernos llorar.

Podemos decir:

«Estoy triste porque echo mucho de menos a la abuela.»

Eso les muestra que sentir tristeza cuando muere alguien querido es una respuesta humana.

Lo importante es que no sientan que tienen que hacerse cargo de nosotros.

Podemos añadir:

«Aunque esté triste, puedo cuidarme y hay otros adultos que me ayudan.»

De esta manera les permitimos ver nuestra emoción sin convertirlos en responsables de sostenerla.

Después de explicárselo empieza otra parte: el duelo

Comunicar la muerte es solo el comienzo.

Después pueden aparecer preguntas, tristeza, rabia, culpa, cambios en el juego, mayor necesidad de estar cerca de los adultos o momentos en los que aparentemente parece que no ocurre nada.

La manera en que un niño vive una pérdida cambia mucho según su edad, su vínculo con la persona fallecida y su momento evolutivo.

Por eso, si ya has tenido esta conversación y ahora te preguntas cómo acompañarlo en los días y meses posteriores, puedes continuar con nuestro artículo:

El duelo en niños: cómo acompañarlos en la pérdida.

Ahí profundizamos precisamente en cómo puede manifestarse el duelo en distintas edades y cuándo puede ser conveniente buscar ayuda profesional.

Enseñar a vivir también es enseñar a despedirse

Hablar de la muerte con un niño no significa quitarle el dolor.

Tampoco tenemos que encontrar una frase que haga que todo deje de doler.

Podemos hacer algo diferente:

no dejarlo solo ante aquello que no comprende.

Nombrar lo que ha ocurrido.

Responder con honestidad.

Aceptar sus preguntas.

Permitir sus emociones.

Recordar juntos.

Y estar disponibles cuando necesite volver a hablar.

Porque no podemos proteger a nuestros hijos de todas las pérdidas que encontrarán a lo largo de su vida.

Pero sí podemos enseñarles que, incluso cuando ocurre algo doloroso, hay adultos que pueden mirar ese dolor con ellos y acompañarlos mientras lo atraviesan.

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Leer ayuda. Hablarlo, más.

Si algo de lo que has leído te ha resonado, podemos verlo juntas en una primera cita de valoración.

Podcast

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El podcast de Laura del Mar y Marta Tarrida para entender lo que sientes.

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